martes, 26 de marzo de 2013

DIGMUN



Desde DIGMUN estamos trabajando para promover actividades y proyectos que ayuden a superar situaciones de discriminación o desigualdad que sufren determinados sectores de la sociedad con el objeto de proporcionarles mayor bienestar;impulsar el intercambio cultural e intelectual entre mujeres y entre niños y niñas de distintos origenes éticos,religiosos,etc.;desarrollar iniciativas de apoyo o ayuda humanitaria de salud,alimenticia,etc.;Sensibilizar al entorno social para obtener así la colaboración necesaria para ir venciendo estas situaciones;Colaborar con otras asociaciones,etc.





La triple discriminación de la mujer inmigrante y fronteriza

Reivindicar la necesidad de asumir la construcción de una sociedad en la que se reconozcan y garanticen las condiciones de igualdad y vida digna para las mujeres extranjeras debe ser uno de los objetivos fundamentales del 8 de marzo La mujer extranjera sufre una triple discriminación: Discriminación  como MUJER, como TRABAJADORA y como INMIGRANTE .De cara a estas discriminaciones, deberían hacerse cargo la ciudadanía, los poderes públicos de ámbito local y nacional y las administraciones que trabajan a favor de la mujer.
Las condiciones del mercado laboral actual, los sectores económicos en los que se registran los niveles más altos de ilegalidad son los mismos en los que se ha concentrado la demanda de trabajo de extranjeros y, no por casualidad, los que registran mayores niveles de precariedad. De estos, las mujeres inmigradas y fronterizas, en el caso de nuestra ciudad,  han sido reclutadas mayoritariamente en ramas caracterizadas por sus condiciones de inestabilidad y desamparo jurídico, como el trabajo doméstico y de cuidado, la hostelería y la prostitución.
En general, las mujeres extranjeras trabajadoras,  contribuyen más de lo que perciben, y su colaboración en el mercado laboral y en el crecimiento económico no conlleva una contrapartida adecuada en el reconocimiento y ejercicio de sus derechos.

MUJERES EXTRANJERAS TRABAJADORAS EN LA LLAMADA INDUSTRIA DEL SEXO:
Las mujeres que ejercen la industria del sexo son en su mayoría mujeres extranjeras y su ejercicio está sujeto a relaciones de explotación y abren espacios de impunidad a los traficantes de personas y al trabajo sexual forzado.
Dado que los derechos de las personas migradas y los derechos de quienes ejercen la prostitución son derechos humanos, urge la elaboración de una política de lucha contra el tráfico de seres humanos para su explotación sexual, que en lugar de fundamentarse en la aplicación de sanciones y la práctica de expulsiones respecto de las personas traficadas, supongan el reconocimiento de sus derechos laborales, sociales, judiciales y la prestación de ayudas específicas.
-El trabajo sexual voluntario requiere el reconocimiento de los mismos derechos que todo tipo de trabajo, sin que puedan mediar distinciones por nacionalidad u origen, por lo que se exige que quienes lo ejercen tengan acceso a la seguridad social y a la sanidad pública, a la consecución de condiciones laborales iguales a las de cualquier trabajador, al establecimiento de un salario mínimo y a la prestación de unos servicios cubiertos por el sistema de protección social general.

EXTRANJERAS VÍCTIMAS DE VIOLENCIA DOMÉSTICA:
La Mujer extranjera es especialmente vulnerable en situaciones de maltrato familiar. Las circunstancias de hacinamiento, acoso económico y marginalidad, en que vive un alto porcentaje de estas mujeres, extreman las condiciones de intolerancia y violencia doméstica.   Muchas de ellas tienen miedo a denunciar porque carecen de la documentación necesaria de regularización de su situación administrativa. Esta principal carencia se añade las dificultades materiales, lingüísticas y administrativas que disuaden a la víctima de denunciar o solicitar garantías. Esta situación se agrava aún más en los casos en que la mujer extranjera, fronteriza en Ceuta, esté conviviendo con un español y tenga hijos, ya que su situación de vulnerabilidad y riesgo se acentúa al ser su pareja la que controla los recursos económicos de los cuales ella depende exclusivamente.
Ante esta situación, es urgente, adoptar nuevas normas y prácticas públicas que observen de manera no uniforme los casos de maltrato y protejan a la mujer extranjera víctima de este tipo de violencia de acuerdo con sus especiales circunstancias de vulnerabilidad y riesgo.  La indiferencia y dejadez ante la desigualdad y la exclusión de las más débiles nos condenará a todos a vivir en una sociedad injusta .


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